22.1.09

El tiempo que no tengo

Ojalá tuviera el tiempo necesario
para conocernos sólo un poco más
para tratar de conquistar tus besos
para tenerte entre mis brazos y volar

Ojalá tuviera el tiempo necesario
para amarte y seguirte a donde vayas
y disfrutemos de una misma lluvia
un mismo universo, una misma nada

Ojalá tuviera el tiempo necesario
para enredar mis manos en tu pelo
para ver nacer el alba en tus ojos
y en tu mirada poder ver el cielo

Ojalá tuviera el tiempo necesario
para ir por el camino de la mano
para algún día estar enamorados
y ese día decirte que te amo


Jean Machuca

10.1.09

Despistado

Iba a la panadería a comprar aceitunas. Le trataba de encajar las llaves a la puerta de la casa del vecino. Siempre pedía explicaciones sobre cosas que en realidad no le importaban. Su familia no lo dejaba salir solo porque podría subirse a un autobús sin dinero. No le gustaba ver la televisión porque decía que no se entendía nada cambiando los canales a cada rato. Leía mucho pero escribía poco, y me refiero a leer y escribir en general, letreros, cartas, los avisos comerciales, revistas... todo lo que tenía letras lo memorizaba pero no lo entendía. A veces, le llamaban la atención lo niños y esa forma -tan extraña para él- de jugar con las máquinas. Ya no hablaba mucho, y cuando lo hacía, era para explicar que a sus ciento veintinueve años no había mucho que agregar, y luego le preguntaba el nombre a la persona con la que conversaba.



Jean Machuca

5.1.09

En algún lugar del mundo hay flores

En algún lugar del mundo encontraré
la sonrisa que siempre he buscado
En algún sitio no tendré que ver
tus ojos tristes y desengañados

Veré las nubes brillar
en un paisaje inolvidable,
en donde habrán niños jugando,
padres de jornada completa,
soldados hechos deportistas,
puentes y caminos de vereda.

Habrá un parque en cada esquina
y una orquesta de música tocando,
una pareja bailando
en la parada del autobús

Habrá un anciano repartiendo comida
y en una esquina una higuera
Un riachuelo claro lleno de peces
mirando un cielo lleno de colores

En algún lugar del mundo encontraré
la sonrisa que siempre he buscado
En algún sitio no tendré que ver
tus ojos tristes y desengañados

En algún lugar del mundo hay oro
En algún lugar del mundo hay pobres
En algún lugar del mundo hay paz
En algún lugar del mundo hay flores



Jean Machuca

2.1.09

Ojos Aterrorizados

En cuando vi sus ojos aterrorizados,
sentí ganas de abrazarla
La tomé entre mis brazos,
la apreté bien fuerte
se ahogaba en mi pecho
sudaba mi espalda
yo seguía apretando ilusionado
no quería perderla
no quería que huyera
luego de mucho ajetreo
había dejado de respirar
su nombre era Esperanza.
Aún la echo de menos.



Jean Machuca

29.12.08

Dos mil ocho

Era un caluroso día de verano en uno de los hemisferios. Las noticias decían que el petróleo no paraba de subir. La gente comenta los desastres de un volcán en un país del sur. Hacía rato que se venían masticando las consecuencias de la guerra de Irak en los países involucrados. Se avecinaba una inminente crisis energética y alimentaría. No era un muy buen comienzo de año que digamos. Era un enero que deseaba que febrero se llevara su responsabilidad. Mientras yo miraba atentamente la televisión en donde se mostraban algunas protestas y se promovía el gran cambio que nos revolucionaría a todos… el apagón analógico y la llegada de la televisión digital. Febrero pasó sin penas ni glorias. Marzo fue el terror, como todos los años, de los bolsillos de la gente por las compras escolares. En aquel hemisferio comenzaban las clases. En el otro hemisferio el frío no se hizo notar como años anteriores (algunos le echaban la culpa al calentamiento global). Abril ya hablaba de cambios en la economía, mientras que mayo, despreocupado y cruel, hacía estallar otro volcán en el mismo país del sur, pero esta vez dejando en estado de emergencia una región entera, aunque fue mas importante el exabrupto de un jefe de estado en la cumbre de ambos continentes. Junio dejó en claro que el agua era el tema importante. Era casi mal mirado hablar de otra cosa que no fuera su buen aprovechamiento. Aunque a nivel continental y en un ambiente político el tema verdaderamente conflictivo fue la inmigración, y una directiva de retorno de título famoso y contenido escondido. Julio, agosto y septiembre fueron testigos silenciosos del sufrimiento de los habitantes de Osetia del Sur, aunque los juegos olímpicos fueron mucho más ovacionados. Octubre puso la nota romántica y nos premió con la visita de un meteoroide, haciéndonos creer que éramos parte de una película espacial. Los medios de comunicación estaban nerviosos por la crisis mundial y lo trasmitían como es debido a la población, frenéticamente. Noviembre y diciembre no aportaron mucho que digamos. A mi juicio, no se puede esperar mucho más de un año par, y menos mal. ¡Feliz año nuevo!



Jean Machuca


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15.12.08

Hoy en la mañana

Hoy en la mañana
un copo de nieve me saludaba
un anciano sonreía
un pájaro cantaba
Hoy en la mañana
una gota de lluvia caída
yacía en la punta de mi zapato
un resbalón hizo que me mareara
Hoy en la mañana
el aire que respiraba era limpio
y mis ganas de vivir
eran mas intensas que ayer



Jean Machuca

13.12.08

Nada mas que decir

Si no te escribo nada
es porque ya no hay
nada mas que decir
Si no te llamo nunca
es porque ya no hay
nada mas que hablar
Si tú ya no me escuchas
es porque ya no hay
nada mas que oír
Si ya no te visito
es porque ya no hay
nada mas que ver
Tú en tu camino
yo en el mío
Tú en la eternidad
y yo aún con los mortales



Jean Machuca

El mundo perfecto

Sin llantos ni penas,
sin metas que cumplir
Sin pesadillas,
sin sufrir
Sin ruido, sin lamentos
Sin personas además de mi
Es mi mundo perfecto
Sin versos complicados
sin problemas
Sin desechos humanos
sin perros ladrando
sin infecciones rondando
Sin presiones, sin estudio
sin trabajo, sin necesidades
sin ataduras, sin responsabilidades
sin cobijas, sin amuletos
sin mentiras para no sufrir
Es mi mundo perfecto
Sin amores desilusionados,
sin frustración por la pérdida
sin fracasos cotidianos,
sin personas que me aman,
sin enemigos que me odian,
sin reverso ni final,
sin ir antes que venir,
Sin vida antes de morir
Es mi mundo perfecto



Jean Machuca

12.12.08

Apendicitis

Era una noche de aquellas... Mucho frío en la calle, la gente estaba loca por salir a celebrar yo no se qué. Yo era cualquiera de esos, uno mas del grupo que avanzaba y retrocedía hacia donde estuviera el calor de la fiesta. Algunos se mofaban, otros bailaban, otros se pasaban el rato pensando cual iba a ser el siguiente bar donde iríamos. A mi no me preocupaba el hecho de que la batería de mi teléfono se había acabado. Hacía más frío que antes. El alcohol obviamente lo mitigaba un poco. Un extraño dolor de estómago yacía silente. La fiesta continuaba y todos estábamos alegres. Avanzaba la hora y yo estaba muy quieto. Se asombran los que me acompañaban y me dan un porro para despabilarme. Yo no acostumbro fumar, pero lo que me habían dado calmó las molestias estomacales y pude continuar la fiesta como un roble. Normalmente yo no tengo resaca pero en el último tiempo ya había tenido unas cuantas y esta se veía venir. Al otro día, lo impensable... la resaca continuaba y no se quitaba con nada. Increíblemente lo único que quedaba era el extraño dolor de estómago que ahora no era nada silente, sino que, cada vez que punzaba hacía que mi abdomen de inflara y desinflara como un globo. "No era para tanto, si no me maltraté tanto el estómago para este dolor" -pensaba. Aguanté porque normalmente estos dolores pasan solos y yo soy de hierro. De a poco el dolor fue creciendo y me fui ablandando y tomé medicamentos para el dolor de estomago cotidiano, que no sirvieron. Esto me llevó a pensar que si el tratamiento cotidiano no sirve es porque el dolor no es cotidiano, pero a esas alturas no era capaz de recorrer el camino desde donde estaba hacia el médico, o hacia la farmacia, o hacia ninguna parte; Los dos grados bajo cero y la lluvia me lo impedían. Sin teléfono, la única posibilidad que tenía era que alguien de mi familia se conectara a Internet y pudiera pedirle que me viniese a buscar. Ese alguien fue mi padre, quien, al igual que el médico al que me llevó, temió por mi vida y me envió al hospital de un empujón.
En el largo camino de una hora en automóvil el dolor ya me había ablandado lo suficiente para hacerme llorar como un niño. Nunca en la vida me había dolido tanto algo. El viaje eran fotos de lluvia y camino, las curvas eran de trescientos sesenta grados para mi. Llegando al hospital una persona de bata me toma y me pone en una silla de ruedas, me lleva dentro, donde habían más personas de bata. Comienzan a hacerme preguntas, todo el mundo sabía mi nombre. El dolor ya me había atontado lo suficiente como para equivocarme y aparentemente ellos lo sabían, por eso hacían las mismas preguntas una y otra vez... ¿donde te duele?, ¿es constante?, ¿tienes o has tenido nauseas?, ¿has comido?,...
El dolor seguía y era constante, y creciente, ya se había apoderado y no quería perder el control. De pronto mis extremidades comenzaron a dormirse y el resto de mi cuerpo comenzó a pesar mucho, la angustia desaparecía pero el dolor seguía. Vino una enfermera y me puso algo en el brazo. Ningún dolor era más grande que el que ya tenía, por lo que fue fácil manipularme y ponerme el suero (de paso está bien decir que odio los hospitales y las agujas). Me mantuvieron así unas horas y luego un calmante a la vena calmó un poco mis quejas. Le dijeron a mis padres que me iba a quedar internado hasta saber lo que era el dolor. Pero yo sí sabía lo que era el dolor, era espantoso. En la noche uno que dijo que era cirujano, me toca el abdomen y luego dice que no había ninguna emergencia pero había que hacer más pruebas. Esa noche se apagaron varias veces las luces, dormía y despertaba en una prueba nueva. Ente medio algunos duendes y pajaritos que danzaban en el techo. No alcanzaba a memorizar la cara de la enfermera que me llevaba en la silla, cuando la otra me pide que me tumbe en una camilla. Entonces me di cuenta de una cosa: lo que tenía dentro del estómago y me provocaba el dolor solamente lo podía ver una máquina.
Por fin lo confirmaron. El apéndice estaba escondido y no se veía la inflamación, pero el scanner lo detectó, así que vas al quirófano -dijo el cirujano. Al entrar, unas enfermeras con pinta de hadas que me salvarían, me hablan animadamente de lo lindo que es viajar. Luego alguien me apretaba el cuello, yo tocia y trataba de tocarme el abdomen, en donde había algo nuevo: un parche de gaza que cubría una herida de seis puntos metálicos bien fijos. Me llevaban rápido mientras yo gritaba de impresión y dolor, me pusieron una mascara que me daba oxígeno y me relajé un poco. El dolor era insoportable nuevamente, pero era otro dolor, mucho mas enfocado y leve que el anterior. Ya no tenía apéndice y se suponía que me sentiría mejor en unos días, y luego me iría a casa a pasar el periodo de recuperación. Afuera la nieve cubría un hermoso paisaje, que hace valer la pena intentar vivir para verlo. En casa estaba mas o menos bien, cojeando lo normal. Al quinto día mas o menos un poco de fiebre -que me dijeron que era normal- me atacó en la noche. ¿Dije un poco de fiebre?, no señor... treinta y ocho y no bajaba y el octavo día treinta y nueve. El noveno día no tuve fiebre por alguna extraña razón, pero al tocarme levemente la herida para acomodarme noté que salía un líquido extraño de una de las cavidades entre los puntos. De vuelta al hospital, el cansancio por el dolor y la fiebre soportados ya se hacía notar. Me metieron en una camilla, me pusieron suero y a esperar. De repente, apareció un tipo con pinta de malo, muy sereno y jugando con un mosquito en la mano. En la piocha llevaba escrito cirujano. Se puso a apretar la herida hasta que salió más líquido y luego dijo, "mmm eso es..." y trajo a la enfermera y la caja de utensilios y se puso a sacar puntos, cada uno era como un pinchazo. En seguida dejé de mirar lo que hacía. Sentí que metía algo en la herida abierta y la mecía un extremo de la herida al otro, como abriéndola más. Luego me preguntaba que sentía, y me metía mas cosas. Obviamente lo que yo sentía era mucho dolor. Pero él quería saber otra cosa, y me seguía preguntando, mientras yo sentía un líquido caluroso y ardiente, luego otro más ardiente, luego otro frío, luego otro más frío. Luego lo peor, un tubo metido dentro y acomodado para el drenaje, y luego terminó. Vamos a ponerle un calmante -dijo. A casa nuevamente y con la inquietud y el susto, bajas de presión repentinas sin causa explicable -aparentemente reacciones normales o por el mero susto-. Una noche vi una selva sombría con caballeros andantes que me indicaban el camino a seguir. El agotamiento era evidente porque ya no podía caminar sin marearme así que volví al hospital tumbado en la ambulancia. Para quitarme el susto me hicieron pruebas que demostraron que no había líquido suelto en el interior, por lo que la infección era solo en la pared del abdomen. Me hicieron una nueva curación, me cerraron con un punto de hilo -puesto sin anestesia- lo que quedaba abierto, y dejaron solo espacio para el tubo de drenaje. Hoy, por fin no hay dolor, solo la precaución de no empeorar de nuevo la recuperación y en un par de semanas poder retomar la vida que dejé hace trece días.



Jean Machuca

4.11.08

Si yo supiera

Si yo supiera, cuanto has sufrido
Si yo supiera, todo lo perdido,
Si yo supiera ver bien tus ojos.
Me habría quedado, no habría partido.

Soy un malvado, lo he vivido
Soy un tirano, lo he sufrido
Si yo supiera, que tú me amabas
Te habría contado lo que soñaba

Si yo supiera cuanto me amabas
No habría partido a esta agonía
Si yo supiera cómo te he amado,
como ahora lo sé, porque te extraño.



Jean Machuca

Una Mujer

Me preguntan por ella
la luna y las estrellas
rima común y corriente
simples palabras al viento
flor de pétalos y espinas
que hoy rompen mi silencio
rimas al canto de una rosa
¿qué es una mujer?
ya lo sé, es mi aroma
el palpitar triste de mi corazón
el dormitar de mis ojos
la eternidad de mi tristeza
mis propias ganas de aprender
Eso es una mujer
un poema bien armado
un tierno cuento de niños
una princesa encantada
por una bruja malvada
una almohada de algodón
un torbellino
una travesía sin fin
una perpetua búsqueda
un descanso para el hombre
un triunfo para su alma
un amor que mata
un delirio que gime
es un hombre que muere
por otro que ahora vive
¿ que es otra mujer ?



Jean Machuca

1.11.08

Tus ojos

Tus ojos son como el agua,
clara y cristalina,
tiernos y dulces,
como los de la golondrina.
Bellos, como el metal,
oro en tu risa, hierro en tu ira
Serenos como las olas del mar.



Jean Machuca

Amores Chilenos

A veces los recuerdo,
a veces también los pienso.
A veces los reclamo,
a veces los agradezco,
pero siempre aprendo de ellos,
nunca los desprecio.
¿Que si los echo de menos...?
Eso ya no lo creo...
bueno, pues hoy, hasta escribo de ellos,
de mis amores chilenos.
De mis damas chilenas...
Mariposas con alas de hada
sin recorrido en mi vida.
Dulces besos de princesas
a un plebeyo que dormía.
Ese canto caluroso,
esos brazos insaciables,
esas voces tan amables,
de mis amores chilenos.
Esas sábanas revoltosas...
ese aroma a mermelada.
Ese vino fermentado
por el calor de las mañanas.
Amores de lujuria, de pasión,
de tristeza, de ilusión,
de ternura, de traición.
Amores de un momento
y otros de larga duración.
Sin sabores de labios
ni delicias del cuerpo,
hoy sólo quedan recuerdos
de mis amores chilenos.
De mis damas chilenas...



Jean Machuca

Las mujeres no saben lo que quieren

¿Qué es una mujer?
¿es acaso un cuento...
un poema sin saber?
¿qué es un sentimiento?
¿es la ira que hoy siento
sin quererla merecer?
¡Frustración! Eso es una mujer...
es el recuerdo del fracaso cotidiano
por no saberla entender
teniendo muchas oportunidades
no saber satisfacer
sus anhelos con mis necesidades
¡Alucinación! Eso es una mujer...
un triste movimiento estratégico
por la conquista de un antiguo querer
¡Indignación! Eso es una mujer...
Estar mirando de lejos
como otro se lleva sus besos
en el sólido cristal
del cuadro de una foto
¡Resignación! Eso es una mujer...
Perder la mirada en sus labios
y poder decir que algún día fueron míos...
que algún día fui un ganador.
¡Satisfacción! Eso es una mujer...
Por eso ya nada me deja satisfecho,
porque ya no la tengo, ahora está con él.



Jean Machuca

27.10.08

Manifiesto

A menudo he escuchado las quejas del apresurado:

“He estado tan ocupado que a penas me queda tiempo para vivir”

“Sueño con el día en que no necesite dormir”

Es en ese momento en donde se cruza esa opinión con la del exitista:

“No hace falta que el mundo gire, sólo hace falta voluntad”

En aquel foro formado de la nada, aparece una opinión muy radical:

“Con una lágrima en los ojos he tomado la decisión más cruel que puede tomar un ser humano... he decidido ser feliz”

A esto lo sigue la intriga del competitivo:

“¿Qué es mejor, la música o la letra de una canción?”

Y no puede faltar la pronunciación del poeta:

“La poesía es vida,
tu vida, la mía,
la de todos
los que nos rodean,
y las palabras
sólo son la vía
para expresar
nuestro amor,
que también es vida,
y le da vida
a nuestra poesía”

En seguida el amable se suma al espontáneo debate:

“No te preocupes demasiado por la calidad, que tu vida no se puede medir, y la poesía es
vida, la literatura es cultura, y escribir, es talento e inspiración”

Y es apoyado por el eterno y experimentado académico:

“La inteligencia nace con las ganas de aprender”

El crítico no se deja esperar:

“Yo no creo que sea tan malo ser perfecto, no tan malo como el creer que lo somos”

Y donde se forma un grupo, nace un líder:

“Descubre lo que sabe el ignorante y verás lo que ignoran los que saben”

El primero reflexiona:

“El cambio puede llegarnos aún vivos, a menos que nos rindamos, entonces la muerte nos cambia”

Vuelve el segundo al ataque:

“Algunos ganarán hoy… otros, ganaremos siempre”

Drásticamente, característico de su estereotipo, el tercero continúa:

“No es que yo tenga la razón... ¡es que es así!”

Y el debate termina por cansancio.

Mi mensaje: Escuchar calmado y no perder la paciencia. Mi error: Callar cuando debo hablar y luego hablar para debatir con la gente que no corresponde.

Lo cierto es que no puedo enseñar nada escribiendo consejos, sino sólo dar un ejemplo y aprender yo mismo de él. Mis lectores sabrán que hacer con lo que escribo, y cada uno hará algo distinto, o lo mismo, según le parezca. Lo importante es que la información no se quede encerrada en mis cuatro paredes.



Jean Machuca